Jimmy

Brasiperucho

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Me mudé a Lima hace casi dos meses. Y la pregunta que más escucho es “¿Por qué has venido para acá?”. Puedo entender. Para algunos el samba es mejor que la cumbia. Además, Brasil es el gigante latinoamericano, país del MUNDIAL, ¿como alguien puede dejarlo así? Mi problema nunca fue con Brasil. Yo solo quería vivir en un lugar con más posibilidades para un artista que Recife. Como Sao Paulo y Rio de Janeiro ya están saturados, vi en Lima un lugar con potencial.

Así empezó la locura que es vivir en un país que no es el mío. En el primer día fui asaltado por un taxista. En Brasil eso suena increíble, pero acá todos saben que puede pasar. Cuando yo contaba a la gente, que se moría de vergüenza de lo que ocurrió, ellos me preguntaban “¿Pero tomaste el taxi en la calle????”, como si fuera un gran absurdo. Fui a la comisaria para hacer la denuncia y eso me tomó cinco horas. En Brasil la haces en cinco minutos – desde tu computadora. Eso me hizo pensar que yo no debía comparar los dos lugares. Yo tengo que vivir aquí y ver qué hay de bueno en el Perú.

Pero ni todas las personas piensan así. Participo de un grupo en el Facebook de brasileños que viven en Lima, y recientemente una chica pidió nuestra opinión: habría de renunciar a su buen trabajo en Brasil y aventurarse en la metrópoli peruana? Fue suficiente. La publicación se volvió en un desahogo de lo que a los brasileños no les gusta aquí:

“El transito es caótico” – Verdad. En el Perú, el semáforo es solamente una sugerencia. Pero me acuerdo que en Brasil ya casi me atropellaron muchas veces, mientras yo cruzaba la calle en mi turno.

“Hay mucho más inseguridad que en Brasil” – ¿En serio? Lima no es Oslo, pero veo muros bajos, edificios sin portero y autos que pasan la noche estacionados en la calle.

“Los limeños son malcriados. ¡Ni siquiera te dan buenos dias!” – Yo no sabía que el silencio incómodo de los ascensores brasileños estaba extinto.

Quizás yo vivo aquí hace poco tiempo para que me irriten los problemas, pero con esos yo puedo vivir. Sabia, ella respondió “También puedo hacer una lista con lo que no me gusta de Brasil”. Y aterrizó en Lima hace pocos días.

Una cosa que yo había olvidado, y solo me acordé luego de llegar, fueron los temblores. El Perú está en el Pacific ring of fire, o sea, a veces la tierra se mueve. Una vez yo estaba acá de vacaciones y hubo un temblor. Yo me aterré, pero fue muy rápido. Cuando me di cuenta de lo que había pasado, ya había terminado. Recientemente hubo tres, uno fuerte, y no sentí ninguno. Descubrí que una frase común en el vocabulario limeño es “¿Sentiste el temblor?”. Confieso que aun pienso en los temblores todo el tiempo. Como la recomendación es salir de la casa, siempre dejo ropa al lado de mi cama. Lo último que quiero es salir calato en el momento de la desesperación.

Pero tengo que contarles las cosas buenas. El Perú es famoso por su comida, o así creen los peruanos. Ceviche es el plato que todos te van a decir que pruebes, pero hay otras opciones igualmente interesantes y raras para nosotros. Casi todo es fusion. No te preocupes mucho en saber el nombre de las cosas, solo comas. Todo es rico, pero ni todo es desconocido: el pollo a la brasa, un plato renegado y ‘pobrecito’ en Brasil, acá es una gran estrella. Otro consejo que les doy es no hacer caso a como se ve la comida. Hay platos feos, como el tacacho con cecina, que son magníficos. Así como nuestra feijoada, que asusta pero encanta.

¿Qué capital brasileña conoces que tiene ciclovia y una mediana para los peatones, además de excelentes veredas, en 3 avenidas principales?

Avenida Pardo

En Lima las Avenidas Pardo (foto), Larco y Arequipa son así. Además, la ciudad tiene parques y muchas actividades al aire libre. La gente tiene la conciencia que es dueña del espacio público, y la municipalidad refuerza esa idea. Todos los domingos, en algunos parques, ponen música para que la gente mayor baile, en las noches de viernes se puede participar de un recital de poesía y hay una feria de artesanía en los fines de semana. También los parques son bien cuidados y algunos tienen Wifi grátis.

No puedo olvidarme de la gente. Como en toda ciudad grande, los limeños viven con miedo de la violencia urbana y la falta de tiempo. Son más formales y conservadores que los brasileños, pero eso está cambiando. A pesar de que son un poco desconfiados entre ellos, tratan muy bien a los extranjeros. Son personas trabajadoras y muy amables, fáciles de conocer y que te caigan bien.

Con el progreso de mi vida aquí, yo siento que será inevitable apartarme de mi mundo en Brasil. Pero nunca dejaré de ser brasileño, aunque poco a poco me vuelva en un brasiperucho.

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