Jimmy

El Mundial desde el exílio

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Siempre he querido saber como era estar fuera de Brasil durante el Mundial. Los que se despertaban a las 3 de la mañana con fuegos artificiales en el 2002, seguramente ya pensaron si existe algún lugar en el mundo donde nadie haga caso de todo eso.

Entonces justamente en el año que el Mundial es en mi país, incluso con mi ciudad como sede, decido mudarme a Perú – que no juega en un Mundial hace más de 30 años. En el día de la apertura, fui a la casa de un amigo ver el partido de Brasil. En el camino, me pareció raro el movimiento en las calles de Lima: igualito a cualquier otro día. Sin casas decoradas, bares llenos o gente con la cara pintada de los colores de su país.

Seis peruanos y yo vimos el partido en un ambiente más parecido a brasilero posible, con una televisión enorme y cervezas bien heladas.  Pero como estamos en Perú, obviamente prepararon un pisco sour. Mientras yo hinchaba por la selección de Brasil en Español, mis amigos enviaban fotos y audio del tono que había en mi país por el Whatsapp. Quería estar allá, porque apesar de que a muchos de nosotros nos caiga mal el narrador de los partidos en la tele brasuca, él tiene más gracia que los tipos de ATV que narran un gol o una falta con la misma emoción.

En el día del segundo partido, tuve una cita con un chico del Tinder justo en la misma hora. Como la vida amorosa de Neymar ya está resuelta y la mía no, largué la selección brasilera para encontrarlo. Resultado del partido: cero a cero. Resultado de la cita: hasta ahora no sé bien.

Decidí que iba a ver el partido de ayer y nadie me iba a detener. Entonces me llaman pidiendo para ir con urgencia a la oficina firmar unos papeles. Justo en el fin del primer tiempo. En mi camino de vuelta a casa, una chica veía el partido por el celular y cantó el tercer gol. Vi el cuarto en mi televisión, pero no es lo mismo ver Brasil marcar goles sin los gritos que ya estaba acostumbrado a oír. Para compensar la falta de entusiasmo, entré al Twitter para expresar mi emoción en mayúsculas. Imaginé que mi timeline era un estadio y aquellas micro publicaciones eran las voces que celebraban conmigo la alegría de ser brasilero.

Funcionó. Ahora que sé que Chile es nuestro próximo adversario, ya empecé a joder mis amigos de Santiago por el Facebook. Ya casi me siento como si nunca hubiera salido de Brasil.

Gracias, Internet. Sólo tu puedes dar color a un Mundial donde no hay Mundial.

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