Jimmy

El sueño latinoamericano

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Podría decir que todo empezó con las telenovelas de Thalia, pero lo que crecí viendo fue “Chiquititas” – la versión de 1997, que actores brasileros fueron grabar en Buenos Aires. Aunque el Internet era demasiado lento en aquellos tiempos, yo descargaba en mi computadora las canciones de las Chiquititas brasileras y argentinas. Quería saber cantar mis temas favoritos en español también.

Esta curiosidad por el idioma viene de muy temprano. Me acuerdo de ser recién alfabetizado intentando leer, en voz alta obvio, las instrucciones del manual de la refrigeradora en español.  Me parecía gracioso aquél idioma que se parecía al Portugués, pero al mismo tiempo no tenía nada que ver.

Empecé a entrar en chats argentinos e hice mi primer amiga virtual, que tenía 9 años como yo. Hablábamos un ratito por teléfono a los domingos y nos enviábamos cartas. Curioso como antes, cuando una amistad virtual prosperaba, el siguiente paso era enviar cartas – escritas a mano y con fotos adentro.

Llegó la pre adolescencia y “Chiquititas” terminó, pero empecé a seguir los dramas teens mexicanos de la era pre RBD: “El diario de Daniela” y “Cómplices al rescate”. Martín Ricca me ayudó a descubrir que en lugar de una novia argentina, yo de hecho prefería un novio mexicano. O de cualquier otro país, con tal que fuese latino.

Terminé conociendo a un peruano, también por un chat. Los dos teníamos quince años y creíamos que un día estaríamos juntos. Y lo creíamos con tanta fuerza que aterricé en Perú ocho años después, seguro de que me casaría con él. No fue lo que pasó, pero por esta historia conocí a Lima, con quién me casé al final.

De la nada, aún adolescente, descubrí el reggaeton y me enamoré. Además, oía mucho Bacilos, Kudai, Diego Torres, Fito Paez, Casi Angeles y tantas otras bandas y cantantes a quién nadie en Brasil daba bola. Cuando hubo la explosión de “Rebelde” yo ya tenía 18 años, pero eso no me detuvo de disfrutar su primer CD en las tardes de sábado, en la piscina con mis amigos.

Siempre trabajé como Profesor de Inglés, pero en mis vacaciones sólo viajé a países de Sudamérica. Fuí dos veces a Chile en un mismo año, conocí mi primer amiga virtual en Buenos Aires e hice otro amigo argentino en un viaje a Rio de Janeiro. En el Netflix, me he vuelto adicto de series argentinas,  películas chilenas y mexicanas.

Sabía que cuando me fuera de mi hogar sería para un lugar lejano, pero jamás me iría a una capital Norteamericana o Europea como hicieron muchos de mis amigos. Mi sueño era latinoamericano, y hoy mi vida tiene todo el color y la banda sonora de aquellas novelas teens mexicanas, pero con un elenco diez años mayor. Y sin un galán como Martín.

mexico df

Foto: México D.F.

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