Jimmy

Amar es hacer la limpieza

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faxina

 

Había semanas que en el departamento no se veía una escoba. Las bolsas del supermercado y las ropas esparcidas ya eran parte de la decoración. Pero él había dicho que vendría, entonces decidí ordenar todo. Quería la casa linda, quería cocinar, quería la cama ordenadita para desarreglarla con él.

Mientras escobaba el piso, pensé: amar es hacer la limpieza. No sólo porque el posible nuevo amor viene, pero porque el posible nuevo amor no tiene que respirar el polvo que han dejado los otros. Los calzoncillos sucios en el rincón de la sala, las botellas olvidadas debajo de la cama y los platos apilados en el fregadero son como las frustraciones, lamentos y desilusiones que he vivido y que nada tienen que ver con la historia que recién empieza. Volver a amar tiene que ser como escribir en un cuaderno en blanco, con un lapicero nuevo, en el primer día de clase.

Pero él no vino, y no logré hacer nada en aquél domingo que sería nuestro. El posible nuevo amor terminó por ser un príncipe más a volverse un sapo, justo porque no hizo bien la limpieza en su pasado. Pero valió la pena, porque me di cuenta que he hecho bien la mía. Mientras fregaba cada rincón del box de la ducha, pensaba en toda la mugre que con muchas fregadas logré limpiar de mi memoria. Para dejar la casa limpia, para dejar el corazón pulido y brillando, para dejar todo listo para que el próximo amor entre y se quede.

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