Jimmy

¡No me llamen!

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old telephone

 

 

Crecí en un tiempo en donde la televisión, el teléfono y el Internet no eran tan cercanos, no se vendían juntos y no intentaban interactuar. Los palabras online y offline tenían sentido, y mis horas de procrastinación las pasaba sentado en el sofá viendo algo en la pantalla chica – otro término que ya no tiene nada que ver.

En aquél entonces, cuando una amistad nacida por internet era realmente seria, el siguiente paso era llamar por teléfono y enviar cartas. Viví toda la emoción de esperar por una carta en las tardes, antes de mi telenovela favorita. Si la carta llegaba o no, se llamaba al amigo virtual para contarle. Bueno, se hacían llamadas por cualquier motivo. No había WhatsApp. No existía la idea de una red social. Los celulares no eran smart. Llamabas.

Fui uno de esos adolecentes que no quitaba el teléfono de la oreja. Me acuerdo haber pasado ocho horas, sin interrupciones, conversando con mi mejor amigo. Cuando tuve mi primer celular, familiares me llamaron para dar las felicitaciones por tener uno de esos aparatitos. Mi padre sufrió pagando cuentas carísimas a cada mes. Me encantaba recibir una llamada y sabía todos los números de mis amigos de memoria.

Dicho eso, si hay algo que tienen que saber hoy acerca de mí es que nunca deben llamarme. Para nada. El único tipo de llamada aceptable es la típica “¿Ya llegaste? No te veo” y sólo si se intentó lo mismo por WhatsApp antes. Mi celular siempre está y siempre estará en silencio y sin vibrador. Tengo una línea en casa, desconectada porque llamaban en mis domingos de resaca y flojera preguntando si acá era un Chifa. Detesto que me interrumpan si estoy escuchando una canción, durmiendo, leyendo, escribiendo, caminando o haciendo cualquier cosa para contestar una llamada.

No entiendo por qué hay personas que llaman antes de enviar un mensaje, chat o incluso un correo. Otro día mi jefa me dijo que necesitaba decirme algo muy importante y “fue imposible” comunicarse conmigo. Vi mi correo institucional y no había intentado por ahí. Una vez, casi no grabo un comercial porque los productores sólo se comunican por teléfono. Llamar cuesta, enviar un mensaje por Internet no. Además, un mensaje se puede visualizar y responder discretamente cuando no se puede contestar el celular. ¿Nadie piensa en esas cosas?

Lo peor es que cuanto más serio o urgente un tema, menos las personas quieren discutirlo de manera virtual. Puedo entender sus motivos, entonces ¿por qué no hablar en persona? Envíen un mensaje con hora y local y nos encontramos. Pero no me hagan interrumpir mi siesta, el episodio de una serie, una reunión, un buen tire o un momento de concentración para responder en dos minutos lo que me tomaría dos segundos por mensaje.

Si todos los lugares tuvieran wifi, botaría el chip de mi celular y jamás hablaría al teléfono otra vez. Ojalá ese día llegue pronto.

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